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El 12 de noviembre de 2014 quedará en los anales de la historia como el día en que Europa logró aterrizar con éxito un robot espacial en la superficie de un cometa. Un hito no banal, sino que supone la consecución de un programa que se gestó en la albores del milenio y en el que han participado miles de personas, incluidas empresas españolas. Entre todos han conseguido aterrizar y hacer funcionar un robot del tamaño de carrito de helados sobre la superficie de un cometa de cinco kilómetros de largo en la inmensidad vacía del Universo, algo que parece de película, pero que es real.

El proyecto Rosetta, homónimo a la isla del Nilo donde se encontró la piedra que permitió descifrar los jeroglíficos del Antiguo Egipto, ha supuesto casi dos décadas de trabajo y la inversión de 1300 millones de euros. Como en otras ocasiones en las que un país se gasta ingentes cantidades de dinero en hacer algo en el espacio no faltan críticos que dicen que ese dinero debería gastarse en atender cuestiones sociales, a tenor de las necesidades de los europeos tras la crisis económica. Parece que olvidan esas voces que ese dinero no se ha metido en el robot y se ha mandado al cometa para que tenga efectivo para comprar chucherías cuando llegue. Los 1300 millones de euros que la Agencia espacial europea ha destinado al proyecto han servido para pagar a miles de científicos y empresas, varias de ellas españolas, generando puestos de trabajo y riqueza para un sector que de otra forma se vería condenado a la sumarse a las listas del paro.

El robot “Philae” ha viajado durante 10 años, desde el 2 de marzo de 2014, dando varias vueltas a la Tierra y a Marte para tener el impulso suficiente para completar los 6400 kilómetros que ha navegado por el Espacio hasta llegar al cometa 67P. Una vez allí acompañará a la masa de polvo y hielo en su periplo especial alrededor del Sol. El interés del proyecto no es solo haber sido capaces de tan inconmensurable hazaña, sino estudiar la composición del propio cometa para obtener datos con los que poder establecer el origen de la vida. Una cuestión más de las que la humanidad se hace desde que tiene conciencia de su propio ser y que busca dar respuesta a preguntas fundamentales.

 

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